24/6/11

Es curioso que usemos un método que induce a callar y suprimir el contacto visual, para relacionarnos más fácilmente. Beber no permite articular palabra alguna, hasta cuesta respirar mientras lo hacemos.

Aún así continuamos tragando enormes cantidades de esa sustancia sin pensar en los efectos que nos produce, como si fuese un líquido inerte. A medida que ingerimos más y más vamos percibiendo nuestro alrededor de otra manera, todo va más lento, las personas nos parecen menos hostiles, la música y sonidos de tu alrededor se vuelven más rítmicos, incluso el duro y frío asfalto acaba siendo nuestro mullido cojín particular.



En ese momento el alcohol había anulado mi conciencia, dije ''bienvenido'' al suelo, me desabrochó el pantalón y me dejé llevar.








Ya no me siento orgulloso, pero tampoco me arrepiento.

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