31/7/11


Es curioso que los seres humanos estemos acostumbrados a seguir unas determinadas pautas, a comer de una determinada forma, a hablar como dicen que lo hagas o a no gritar cuando no debes. Jamás se nos ocurriría empezar una historia por el final ¿Por qué? Quizás porque la propia palabra nos asusta. 

Los finales nunca serán felices. Sin embargo, para que algo acabe mal, debe tener un principio mejor; la propia historia en sí, esos momentos siempre recordaremos, ese espacio de tiempo en donde ocurre todo aquello que nos hizo sentirnos vivos, formado por esos besos, esa respiración agitada en la madrugada, esos abrazos, esas noches en las que no solo se contaban estrellas, esa canción que siempre cantabas desafinando justo en esa parte, todos y cada unos de los atardeceres que se reflejaban en sus ojos, esas escapadas bajo la lluvia por la ciudad, ese viaje en coche tan esperado hacia la inmensidad, un simple despertar y verle, esos momentos cuando no solo se enredaban las sábanas, esa primera noche juntos, esa primera película sentados cerca el uno del otro,  esa fiesta juntos en las que os encerrasteis en el baño, ese primer e inesperado beso fugaz, esas conversaciones estúpidas que se alargaban hasta altas horas de la madrugada con ese estúpido miedo a despedirse por no volver a hablaros, esa estúpida ilusión de adolescente, esa estúpida sonrisa cuando su nombre te venía a la cabeza, esa primera mirada y ese primer y torpe saludo.



Deberíamos comenzar las cosas por el final, al fin y al cabo, suele ser lo más amargo de la historia...

25/7/11


Siempre intentamos buscar alguna razón para el porqué de las cosas, por qué suceden de esa manera, por qué suceden justo en ese instante, por qué nos suceden a nosotros y por qué nos suceden justamente con esa persona. Quizás tenemos miedo a aceptar que nuestra vida depende solo del azar o del karma y por ello, no es de extrañar que caigamos en el error de justificar de cualquier manera todo lo que nos pasa, de explicar todas esas peculiares coincidencias que nos envuelven de una forma lógica. No sé si intentaste buscar conmigo una razón para sacar algo en claro, para aclararte. No hubo ninguna razón para estar juntos, aunque confié en que podría encontrarla algún día.



Alguien dijo alguna vez que un ''te odio'' es posiblemente el último ''te quiero'' que le dices a una persona. Quiero que sepas que te odio.

14/7/11

Alguien dijo alguna vez que la vida no era más que un interminable ensayo de una obra que jamás se llegaría a estrenar, sinceramente, creo que es una suerte, podemos repetir cuantas veces queramos esa parte en la que siempre nos equivocamos, en la que se nos olvida el guión, o simplemente no queremos recordarlo; podemos cambiar los personajes en escena, olvidar aquellos que no debieron aparecer nunca, invitar a nuevos a compartir nuestro diálogo, cambiarlo siempre que queramos para rematar cada intervención; podemos también cambiar el tiempo, el lugar y el espacio, cada momento y cada error volverlos a practicar de nuevo hasta que consigamos dominarlos, incluso podemos parar la actuación volviendo a representar esa escena que  nos encanta y ¿por qué no? Volver a equivocarnos  cuanto deseemos.






¿Lo único malo? Solamente tú puedes definir el género de esta obra.

11/7/11


El color morado es sinónimo de fuerza, de resistencia y de fortaleza psíquica y mental, justo como el color de los moretones. Cada uno de ellos demuestra los golpes que hemos recibido y aguantado, muchos, quizá demasiados. Cuando ese golpe es merecido,el significado de ese color se olvida y solo importa la marca que dejan que nos recuerda día a día qué hicimos mal. El problema surge cuando buscamos las hostias, cuando buscamos ese dolor porque, a veces, las heridas gustan como duelen. No siempre duele el golpe en sí, molesta que te hagan ver que has hecho mal las cosas, aun habiendo sido consciente de ello.



En los pulsos juegan dos personas, pierde quien flaquea o se deja ganar. No sé quién de los dos ha llegado a vencer, sé quién se ha llevado el golpe.

4/7/11

Por alguna estúpida razón me siento aquí, un maldito lunes de madrugada, mientras intento darme cuenta y comprender algo tan sencillo como jodidamente enrevesado y con la estúpida esperanza de que, de un momento a otro, surgiera esa ventanita en la esquina inferior del ordenador en la que rezase la frase de ‘’Él acaba de conectarse’’.

¿Nunca te has preguntado cómo o por qué podemos llegar a echar de menos a una persona que, realmente, no conocemos?,  Sigo sin entender por qué cojo cariño tan rápido a las personas, al fin y al cabo, más de la mitad de ellas optan por marcharse inesperadamente y dejarte atrás, a ti y a tu vida descolocada. Llevo varios muchos intentos fallidos en este tipo de juegos y, después de todo, lo verdaderamente cierto es que no hay modo alguno de ganar una sola partida. No es un juego, es un error; ¿A quién voy a querer engañar?

Tengo miedo, tengo miedo de volver a vivir malos momentos, tengo miedo de ilusionarme, tengo miedo de acabar como acabo siempre.


 Voy a ser sincero, no sé qué es lo que me hace pensar que eres perfecto para mí ¿Me ayudarías a descubrirlo?