31/7/11


Es curioso que los seres humanos estemos acostumbrados a seguir unas determinadas pautas, a comer de una determinada forma, a hablar como dicen que lo hagas o a no gritar cuando no debes. Jamás se nos ocurriría empezar una historia por el final ¿Por qué? Quizás porque la propia palabra nos asusta. 

Los finales nunca serán felices. Sin embargo, para que algo acabe mal, debe tener un principio mejor; la propia historia en sí, esos momentos siempre recordaremos, ese espacio de tiempo en donde ocurre todo aquello que nos hizo sentirnos vivos, formado por esos besos, esa respiración agitada en la madrugada, esos abrazos, esas noches en las que no solo se contaban estrellas, esa canción que siempre cantabas desafinando justo en esa parte, todos y cada unos de los atardeceres que se reflejaban en sus ojos, esas escapadas bajo la lluvia por la ciudad, ese viaje en coche tan esperado hacia la inmensidad, un simple despertar y verle, esos momentos cuando no solo se enredaban las sábanas, esa primera noche juntos, esa primera película sentados cerca el uno del otro,  esa fiesta juntos en las que os encerrasteis en el baño, ese primer e inesperado beso fugaz, esas conversaciones estúpidas que se alargaban hasta altas horas de la madrugada con ese estúpido miedo a despedirse por no volver a hablaros, esa estúpida ilusión de adolescente, esa estúpida sonrisa cuando su nombre te venía a la cabeza, esa primera mirada y ese primer y torpe saludo.



Deberíamos comenzar las cosas por el final, al fin y al cabo, suele ser lo más amargo de la historia...

1 comentario:

  1. A veces me arrepiento de ese dia, de esos momentos, de seguir y seguir y luego no poder pararlo. Y otras me alegro de ese momento, de esas miradas, esas conversaciones tontas que duraban toda una noche.. tengo que decir, que las echo de menos..

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