2/9/11

Nunca he entendido ese odio irracional hacia la lluvia, supongo que, de siempre, los cielos grises nos han traído más malos que buenos recuerdos. Pasaron cuatro mil días casi sin darme cuenta, y ha llovido, ahora, se me ha agotado el tiempo. Corrimos, corrimos y gritamos alto, muy alto, tanto que acabé por quedarme afónico. Y tú no hablabas. Era mejor así. Siempre se nos dio bien eso del silencio, siempre, nunca supimos hablar de otra forma.



Hasta ahora, el silencio ha sabido responderme a todas esas preguntas que jamás me atreví a formularte.