25/11/12


Con frecuencia llegamos a ser tan egoístas que olvidamos que nadie nos pertenece, por eso decidimos que los abrazos deben darse tan fuertes, para creer, de alguna u otra forma que durante un pequeño instante, estamos ligados a alguien. Llegamos a ser tan egoístas que olvidamos de lo que de verdad queremos, por eso siempre acabamos metiendo dos pajitas en la copa cada noche aun sabiendo que siempre beberemos de la misma. Hay veces en las que duele saber que aunque no podamos, debemos hacer lo correcto, saltar de la forma que lo hiciste sobre ese abismo, pero esta vez con los ojos abiertos y sin la certeza de saber que encontraremos suelo.



Alguien dijo una vez “Hay momentos en los que tienes delante a la persona que más queremos en el mundo en ese instante pero no nos atrevemos a tocarla por miedo a hacerle daño”. Las personas egoístas olvidan que también deben serlo para su dolor.

12/10/12


Tendemos a revivir solamente las cosas malas que nos pasan, a no dejar de recordar todas aquellas tonterías que cometimos y que nos marcaron a fuego un error que nos empeñamos en no dejar de mirar. Supongo que tendemos a olvidar todas esas pequeñas cosas buenas que nos suceden por  nuestra ingenuidad de creer que deberán venir más y mejores, otras que merecerá más la pena guardar. 

Alguien me dijo una vez “Si eres capaz de expresarlo con palabras, es que realmente no lo has llegado a sentir nunca”, por ello, no se nos debería  pasar por la cabeza el intentar explicar esa estúpida felicidad que sin venir a cuento te alegra, como poco, unos segundos del día.



12/6/12

Jamás entenderé a esas personas que logran vivir sincerándose. Hasta ahora decir la verdad no me ha traído más que problemas. Nunca nos hemos parado a pensar lo feliz que puede llegar a resultarnos la ficción, al fin y al cabo, así conseguimos vivir lo que realmente queremos vivir. Dicen que repitiendo una mentira muchas veces, al final, terminamos por creérnosla. Será por eso que solemos gritar tan a la ligera "te quiero".



Supongo que nunca he sabido fingir lo suficiente.

24/5/12


Siempre me ha resultado curiosa la forma de actuar que tenemos las personas. Cómo podemos pasarnos días, semanas y meses para decidirnos, simplemente, a hablar a alguien pero cómo llegamos a tardar un simple segundo en lanzarnos a besar a una persona.  Cómo somos capaces de olvidar algo que nos estuvo torturando interminables noches antes de preocuparnos por ello y marear nuestra mente por una simple palabra que cerró una conversación. Cómo podemos llegar a dudar de absolutamente todo en un momento y, al siguiente, arrepentirse de haberse quedado quieto. Cómo podemos ser capaces de aunar el valor en un instante para fijar la mirada sobre unos ojos entre un montón de gente menos importante y acabar bajándola al suelo mientras alzamos una copa aterrados por el miedo. Cómo somos capaces de empezar dando el paso que nos ofrezca una oportunidad y terminar esperando a que la casualidad tenga más huevos que nosotros...



El ser humano es el único animal que decide tropezar con la misma piedra.

23/4/12


Nunca he conseguido entender del todo aquella mítica frase de ''El fin justifica los medios'', a decir verdad nunca acabamos como realmente nos merecemos, ni lo suficientemente felices, ni lo suficientemente tristes, ni lo suficientemente derrotados, ni lo suficientemente satisfechos. Siempre deseamos cómo queremos terminar; aún seguimos confiando en que, deseando algo que sabemos que no se cumplirá, el golpe nos dolerá menos. Creo que jamás lograré entender esa frase. He terminado por acostumbrarme a no conseguir lo que deseo y he acabado por no saber incluso lo que había llegado a querer. 




Vivimos esperando a que el próximo golpe que recibamos sea de suerte.

12/4/12

Jamás entenderé esa obsesión que tienen todas las personas por querer vivir un romance de esos ''de película''. Resulta bastante deprimente saber que una historia tan intensa la vivirás siguiendo un guión, sin poder improvisar, sabiendo todas y cada una de las contestaciones, de los gestos, de los besos, de las repuestas y de las etapas que atravesarás: el violento y torpe comienzo, los tórridos primeros días, el bache que os separará durante un tiempo en el que se escuchará de fondo una lánguida melodía para sensibilizar al espectador y el reencuentro inolvidable con esa archiconocida secuencia en la que se miran a los ojos y se dicen verdades... 

No voy a negar que más de una vez deseé que todo sucediera así y  acabé por interpretar una de esas patéticas escenas improvisadas de la vida llena de errores, terceras personas, frases a medias, verdades y mentiras; y así terminamos por representar un típico final en el que intentamos decírnoslo todo pero sin levantar la vista del suelo.





No mirar a los ojos no es mentir, es no tener valor para hacer ver que estás diciendo una verdad.

26/3/12

—¿Nos volvemos a casa?
— ...

En ese momento me hubiese gustado preguntar ''¿Quiénes?'' para escuchar esa respuesta. Me hubiese gustado quedarme callado con los ojos cerrados, esperando a que volviese a repetirme la pregunta más de cerca. Me hubiese gustado haber tenido el valor suficiente para responder. Me hubiese gustado que ese ''nosotros'' hubiese vuelto a parecerme aterrador. 







4/2/12


A veces me asombra la importancia que tiene sobre nosotros la música, el poder que encierran un par de canciones; un simple gesto como colocarse unos cascos nos permite, de algún modo u otro, viajar en tiempo y lugar. No hablo de esas composiciones originales, perfectas, completas, brillantemente adornadas o simplemente consideradas como obras maestras. Hablo de esas canciones que cuentan una vida, me refiero a ésas que componen a lo largo del tiempo una interminable melodía, tu vida, como ésa que siempre cantas a dúo con una amiga llevando un micrófono imaginario en la mano. Ésa que sonó en la fiesta en la que reíste hasta quedar afónico. Ésa que sonaba de fondo en una tienda, que te obligó a bailar de forma sexy, un tanto estúpida, simplemente para arrancar una sonrisa a alguien. Ésa que escuchaste mientras dibujabas en el vaho de los cristales del autobús volviendo a casa después de una tarde especial. Ésa que obliga un par de lágrimas a brotar de tus ojos cada vez que la escuchas. Ésa que siempre pone una sonrisa en tu cara y te hace ver el día con un poco más de luz. Esa canción, la única que te comprende cuando estás triste sin razón alguna. Ésa de la que solo conoces el estribillo pero que aún así sigues cantando inventándote la letra. Ésa que sonaba en tu cabeza la noche más especial de un mes de septiembre... 



Cada persona importante de tu vida tiene una canción. ¿Cuál será la próxima que escucharás?

1/2/12

Nunca entenderé ese odio irracional que la gente siente por la oscuridad. Quizás sea porque nos muestra tal y como somos: indefensos; quizás sea por el miedo a tropezar, de no saber que nos depara cada paso, de no saber si seguirá esperándonos alguien al otro lado, de ver lo que aparece tras encender la luz... Siempre he preferido las noches sin luna. A oscuras se eliminan los prejuicios, se deja libertad al tacto y a la imaginación. Es más fácil hablar. Es más fácil ser uno mismo.


9/1/12

''Sería bonito decir que nuestras miradas se encontraron y que yo me acerqué lentamente. Sería bonito decir que sonreí y que le hablé de cosas agradables en pareados cuidadosamente medidos, como el Príncipe Azul de algún cuento de hadas.

Por desgracia, la vida casi nunca tiene un guión tan meticuloso. La verdad es que me quedé allí plantado (...) Entonces me sonrió. Era una sonrisa dulce, cariñosa y tímida, como una flor que se abre. Era cordial, sincera y ligeramente turbada. Cuando me sonrió sentí...
No se me ocurre cómo describirlo, de verdad. Sería mas fácil mentir. Podría copiar algunas frases de cualquier historia y contaros una mentira tan familiar que no dudaríais en tragárosla. Podría decir que se me doblaron las rodillas. Que me costaba respirar. Pero eso no sería verdad. Mi corazón no latió más deprisa, ni se paró, ni alteró su ritmo. Eso es lo que nos cuentan en las historias. Tonterías. Hipérboles. Chorradas. Y aún así... Salid a pasear un día de principios de invierno, después del primer frío de la temporada. Buscad una charca con una fina película como el cristal. Cerca de la orilla, el hielo aguantará vuestro peso. Deslizaos un poco por él. Más allá. Al final encontraréis el sitio donde la superficie soporta vuestro peso de milagro. Entonces sentiréis lo que sentí yo. El hielo se rompe bajo vuestros pies. Mirad hacia abajo y veréis las blancas grietas recorriendo el hielo como alocadas, complicadas telarañas. No se oye nada, pero notáis la vibración a través de la plantas de los pies. Eso fue lo que pasó cuando me sonrió. No quiero decir que me sintiera como si me encontrase sobre  una fina capa de hielo a punto de ceder. No. Me sentí como el hielo mismo. resquebrajado de pronto, con grietas extendiéndose a partir del sitio donde me había tocado, en el pecho. La única razón por la que me sostenía era porque el millar de piezas que me componían se apoyaban unas en otras. Temía derrumbarme si me movía. (...)

—Estaba prácticamente convencido de que ya te habías marchado.
—He estado a punto —repuso con falsa arrogancia—. He esperado dos horas a que vinieras. —Suspiró trágicamente, y fijó la mirada en mis labios—. Al final, desesperado, he decidido que lo mejor era que esta vez fuera yo quien buscase a su amado, y al cuerno con la historia.''