9/1/12

''Sería bonito decir que nuestras miradas se encontraron y que yo me acerqué lentamente. Sería bonito decir que sonreí y que le hablé de cosas agradables en pareados cuidadosamente medidos, como el Príncipe Azul de algún cuento de hadas.

Por desgracia, la vida casi nunca tiene un guión tan meticuloso. La verdad es que me quedé allí plantado (...) Entonces me sonrió. Era una sonrisa dulce, cariñosa y tímida, como una flor que se abre. Era cordial, sincera y ligeramente turbada. Cuando me sonrió sentí...
No se me ocurre cómo describirlo, de verdad. Sería mas fácil mentir. Podría copiar algunas frases de cualquier historia y contaros una mentira tan familiar que no dudaríais en tragárosla. Podría decir que se me doblaron las rodillas. Que me costaba respirar. Pero eso no sería verdad. Mi corazón no latió más deprisa, ni se paró, ni alteró su ritmo. Eso es lo que nos cuentan en las historias. Tonterías. Hipérboles. Chorradas. Y aún así... Salid a pasear un día de principios de invierno, después del primer frío de la temporada. Buscad una charca con una fina película como el cristal. Cerca de la orilla, el hielo aguantará vuestro peso. Deslizaos un poco por él. Más allá. Al final encontraréis el sitio donde la superficie soporta vuestro peso de milagro. Entonces sentiréis lo que sentí yo. El hielo se rompe bajo vuestros pies. Mirad hacia abajo y veréis las blancas grietas recorriendo el hielo como alocadas, complicadas telarañas. No se oye nada, pero notáis la vibración a través de la plantas de los pies. Eso fue lo que pasó cuando me sonrió. No quiero decir que me sintiera como si me encontrase sobre  una fina capa de hielo a punto de ceder. No. Me sentí como el hielo mismo. resquebrajado de pronto, con grietas extendiéndose a partir del sitio donde me había tocado, en el pecho. La única razón por la que me sostenía era porque el millar de piezas que me componían se apoyaban unas en otras. Temía derrumbarme si me movía. (...)

—Estaba prácticamente convencido de que ya te habías marchado.
—He estado a punto —repuso con falsa arrogancia—. He esperado dos horas a que vinieras. —Suspiró trágicamente, y fijó la mirada en mis labios—. Al final, desesperado, he decidido que lo mejor era que esta vez fuera yo quien buscase a su amado, y al cuerno con la historia.''