25/11/12


Con frecuencia llegamos a ser tan egoístas que olvidamos que nadie nos pertenece, por eso decidimos que los abrazos deben darse tan fuertes, para creer, de alguna u otra forma que durante un pequeño instante, estamos ligados a alguien. Llegamos a ser tan egoístas que olvidamos de lo que de verdad queremos, por eso siempre acabamos metiendo dos pajitas en la copa cada noche aun sabiendo que siempre beberemos de la misma. Hay veces en las que duele saber que aunque no podamos, debemos hacer lo correcto, saltar de la forma que lo hiciste sobre ese abismo, pero esta vez con los ojos abiertos y sin la certeza de saber que encontraremos suelo.



Alguien dijo una vez “Hay momentos en los que tienes delante a la persona que más queremos en el mundo en ese instante pero no nos atrevemos a tocarla por miedo a hacerle daño”. Las personas egoístas olvidan que también deben serlo para su dolor.